Campos Flégreos: el gigante dormido que podría despertar

Este campo volcánico ubicado en Italia es una gran caldera que en los últimos años volvió a estar en actividad. Continuas deformaciones y terremotos ponen en alerta a los expertos, que saben que una erupción explosiva y de gran volumen podría afectar considerablemente el sur de Eurasia.

 

Desde el 2022, se ha intensificado la actividad sísmica en los Campos Flégreos, un sector volcánico ubicado cerca de Nápoles (Italia), que cuenta con una antigüedad de unos 80 mil años y un precedente de erupciones bastante preocupante.

Solo en 2023 hubo un enjambre sísmico de 64 eventos -con magnitudes de hasta 4.2- que, si bien no han causado daños significativos, reflejan una tendencia en la actividad del volcán. A eso se suma el levantamiento y hundimiento lento del suelo que, desde 1950, ha aumentado 4 metros en elevación, lo que podría indicar una posible acumulación de magma o gases debajo de la superficie.

Jorge Romero Moyano, académico del Instituto de Ciencias de la Ingeniería de la Universidad de O’Higgins (UOH), explica que Campi Flegrei no es una sola estructura volcánica, se trata de una “gran caldera”, que consiste en una depresión del terreno con tres veces la superficie de una ciudad como Rancagua, que fue formada por dos sucesivas erupciones altamente explosivas y de gran volumen.

“La primera, es la ‘Ignimbrita Campaniense’ de 40 mil años, con un volumen de 150 kilómetros cúbicos de magma, probablemente la erupción más grande del Mediterráneo y que afectó hasta Rusia. La más reciente, por otro lado, corresponde a la Toba Amarilla Napolitana, de 15 mil años de antigüedad. El magma involucrado alcanzó 30 a 50 kilómetros cúbicos, generando una devastación casi total en Italia continental”, detalla el experto.

Situación actual

El doctor Romero indica que el suelo de Campi Flegrei se está deformando y además se producen constantes terremotos. “Esto ha pasado varias veces (1970-72, 1982-84 y 2005-actualidad). Estas deformaciones consisten en alzamientos sostenidos del nivel del terreno, incluso de varios metros, acompañados de terremotos perceptibles y cambios en la composición del gas y el agua que emana de zonas geotérmicamente activas. Desde 2005, el suelo se ha levantado 1.4 metros, mientras que sólo en febrero se registraron más de 1.800 sismos, la mayoría de ellos en enjambres de terremotos”.

Agrega que también se han registrado incrementos en el dióxido de carbono que escapa a la superficie. “La situación está fuera de la normalidad y el nivel de alerta es amarillo, indicando que hay mayor presión y temperatura en el subsuelo, que empuja para salir a la superficie”.

Respecto a lo que podría pasar y lo que está ocurriendo, el académico comenta que, a corto plazo, tanto las deformaciones como la sismicidad han dañado la infraestructura de los poblados al oeste de Nápoles. “En los 80 -incluso- se ordenaron evacuaciones masivas de la población”.

Agrega que en el evento de una erupción hay al menos un par de escenarios. “El primero incluye una erupción pequeña, más parecida a las que acontecieron en los últimos 5 mil años, con efectos locales que -en términos urbanos- involucrarían un desastre para los habitantes. La segunda, más parecida a las erupciones de la caldera antes descrita, podrían afectar catastróficamente la península itálica y tener efectos adversos en todo el sur de Eurasia”.

Podría afectarnos en Sudamérica

Para el investigador los impactos climáticos y económicos de una erupción de la caldera serían -sin duda- globales y perdurarían por años.

“Lo más crítico sería el bloqueo de la luz solar por el efecto de la ceniza flotando en la alta atmósfera y también la afectación durante décadas de los campos productivos (cultivo y ganadería) en el área mediterránea. Esto podría causar presiones económicas y geopolíticas notorias en el sur global”.

Actualmente, Campi Flegrei está en constante monitoreo por el Instituto Nacional de Geofísica y Volcanología de Italia, sin embargo, la mayor problemática es conocer el umbral de precursores que significan una inminente erupción, cosa en la que los científicos no logran ponerse de acuerdo. “También está la dificultad para pronosticar si la próxima erupción será más bien localizada o tendrá implicancias regionales y globales como aquellas de la prehistoria. Si bien se dispone de un buen registro geológico de estos eventos, ¿cómo saber qué señales precedieron a las grandes erupciones prehistóricas?”, finaliza el académico UOH.

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